Fuerza de voluntad - por Delfina Acosta (Asunción - Paraguay)
Sí. Cuesta ponernos a prueba. Hubiéramos querido descansar, dejar pasar las situaciones, relegar el trabajo en los otros, justificar nuestra carencia de empeño por aquello que damos en llamar, tan fácilmente, “ánimo alicaído”. Pero no se puede fracasar de antemano. Qué desnutridas son las ideas de quienes ven las cimas improbables o imposibles.
Y qué deplorables son los sentimientos que acompañan, como perros tendidos en la sombra, a nuestro rendimiento prematuro.
Nos sentimos vacíos por dentro al eludir el trabajo. Yo, particularmente, siento como si el agua de Dios se me escapara de las propias vísceras. Me quedo seca, derrumbada sobre mí misma, con la conciencia invadida por la forma viscosa, pegajosa, del fracaso.
Amo a aquellos jóvenes que, aun equivocados, insisten con todas sus fuerzas en izar la bandera de sus ideales.
Amo a aquella mujer del campo que viene a vender su chipa y con su empeño a cuestas va pasando por las calles.
Desligada ya del servicio, regresa a su hogar, con la canasta vacía, al caer la tarde. ¡Aleluya!
La voluntad es lo que nos empuja a colocarnos en el sitio donde, por lo que somos, y por lo que seremos, debemos estar.
Yo sé que a veces nuestra naturaleza flaquea.
Yo sé que siempre la vida ha sido y es difícil.
¿Pero qué somos sin la fuerza de voluntad?
¿Qué somos sin el empuje interior, sino un tacho carcomido por el óxido, unas hojas arrancadas por el viento y pisada por la gente, un pretexto de humanidad, una vida fraccionada en miles de partículas de harina ?
Que tu fuerza de voluntad no te abandone.
Puedes caer, pero claro que te has de levantar.
No te dejes llevar por el miedo al fracaso.
Camina, camina siempre.
Delfina Acosta
14 de Marzo de 2010
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